Descripción
Esta imagen refleja la relación compleja que el ser humano tiene con la Tierra. En la parte superior aparece un agricultor, alguien que vive del campo y depende directamente de la tierra para subsistir. Su relación con el entorno es simbiótica: cuida el suelo, respeta los ciclos y recibe de la naturaleza aquello que necesita. Ese hombre representa la armonía que puede existir cuando trabajamos junto a la tierra y no en contra de ella.
Sin embargo, el reflejo inferior muestra una verdad totalmente opuesta. Allí aparece un hombre con un traje de protección biológica, examinando una muestra en un entorno gris, árido y contaminado. Este personaje simboliza las consecuencias de la industria, del abuso ambiental y de la contaminación generada por nuestras propias acciones. El paisaje agrietado y casi muerto subraya el daño que hemos causado.
Ese hombre cubierto de pies a cabeza muestra cómo, irónicamente, el ser humano termina protegiéndose del mismo ambiente que destruyó. Porque la contaminación nos afecta directa e indirectamente, recordándonos que dependemos de la tierra para todo. El reflejo es una advertencia: tarde o temprano notamos el daño que provocamos… y a veces lo hacemos demasiado tarde.
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