Descripción
Esta obra nació como una manera de celebrar el mes de Halloween de 2024, pero terminó convirtiéndose en una reflexión sobre la percepción y el arte. Mi intención inicial era representar cómo cada artista tiene una manera única de ver el mundo, y cómo incluso cuando intenta recrear la misma imagen, el resultado jamás será idéntico. Cada trazo, cada línea y cada color está influido por el estado emocional, los recuerdos y los detalles que llaman nuestra atención en ese momento.
La canasta de calabaza que usaba como porta pinceles fue el modelo que inició el proyecto, pero pronto la pintura tomó un rumbo inesperado. Los colores se mezclaron, las formas se distorsionaron y el resultado fue un caos visual que, aunque no era lo que imaginaba, terminó contando su propia historia.
La obra refleja esa sensación de que la memoria y la percepción son engañosas. A veces recordamos un objeto de una manera distinta a como realmente es; otras veces vemos algo por segunda vez y descubrimos detalles que antes habían pasado desapercibidos.
El resultado final puede parecer un desastre, incluso frustrante… pero también es honesto, espontáneo y lleno de vida.
Un recordatorio de que el arte no siempre sale como lo planeamos, pero siempre dice algo sobre nosotros.
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