Aquí quise construir un mapa de la imaginación. Un espacio donde las leyes físicas se aflojan y lo posible se mezcla con lo fantástico. Islas flotantes que albergan biomas distintos, puentes de luz que conectan realidades, bosques que crecen en la profundidad del cielo: todo convive en una geografía onírica.
El objetivo es transmitir la sensación de que la mente puede crear universos enteros a partir de un detalle pequeño: una piedra, una melodía o un recuerdo. Cada isla funciona como un relato independiente, pero juntas componen una cartografía del deseo, la nostalgia y la esperanza. Los colores son intensos y los contornos suaves, como en los paisajes que aparecen en los sueños justo antes de despertar.

La invitación es simple: permitirnos soñar con libertad, explorar lo improbable y aceptar que, en ese mundo, las reglas se pliegan a la creatividad. Es un refugio donde todo lo que imaginamos tiene cabida.